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IMAGENES...
De los objetos de consciencia
De la mirada de los otros
De las ciudades invisibles
De la tierra
De la montaña mágica
De la naturaleza
Del agua
Blog sobre fotografía y creatividad: El fotógrafo al otro lado del espejo
De la mirada de los otros
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Hoy me levanto siendo otro. Me doy cuenta en la cafetería, cuando en vez de ser ignorado por el camarero, le sirvo el cortado a un tipo que me es muy familiar. En la calle me vendo un periódico, o casi, porque olvidé la cartera en la cafetería. En el trabajo me doy cuenta que, si soy el jefe, me entran unas ganas terribles de mosquearme conmigo. Me llamo por teléfono y me disculpo al ver que me he confundido aunque me suena la voz. En el ascensor me pregunto a dónde voy- al quinto. Charlamos tres pisos de lo loco que anda el tiempo y de que el cambio climático afecta, ya, al canario de la portera que cada día se parece más a un pingüino, el canario, no la portera- aclaro, claro -me digo. Me llamo de nuevo por teléfono, esta vez soy un amigo que hace tiempo que no veo. Es bueno saber de los amigos. Escucho un telediario, me canso de decirme estupideces y me doy mucha vergüenza ajena. Me doy un beso por la noche y lamento mucho que me duela tanto la cabeza. |
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De las ciudades invisiles
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Soy una ciudad invisible. No puedo explicarte mi ubicación ni mis códigos postales porque un día empiezan por "quiensabe" y otros terminan en "nosé". Mis calles son visibles sólo cuando las transitas y en los mapas cambian, sin cesar, de ubicación. En la Oficina de Información explican donde no están las cosas porque siempre se sabe en qué lugar han estado, pero no a donde van a parar. Los ciudadanos suelen perder de vista sus hogares y nomadean por diferentes casas hasta que vuelven a encontrar sus puertas y pueden, por fin, hacer la colada para unos días. Las gentes de esta ciudad son invisibles para el mundo porque nadie habla de ellos en los medios de comunicación ni sus noticias pasan los filtros de las agencias más prestigiosas. Gracias a esta invisibilidad aparente mantienen intacta su cordura y coherencia. Quienes tienen la oportunidad de aparecer un día en estas plazas invisibles, comentan que el atardecer es el mejor momento del día para pensar en quedarse a vivir aquí una temporada. Dicen que en una ciudad invisible, uno se vuelve más real. |
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De un cuento de la tierra ...
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Para mí el tiempo no existe, excepto si lo cuento en millones de años: cuatro mil setecientos para ser inexactos. Mi aspecto ha cambiado durante esta impensable temporalidad y aún me encuentro a mitad de camino. Lo que ha provocado la vida en mí, provocará su desaparición y la de todo lo que me habita, incluídas las palabras y los recuerdos… todas esas imágenes. Si pudiera almacenar uno sobre otro todos los instantes de esta pequeña eternidad mía, podría construir una torrre que alcanzaría el final del universo como un faro, un adalid de la expansión de la luz. Sé que no, que este lugar mío es insignificante en todo el espacio que me rodea. No me importa, sólo tengo que observar la vida que evoluciona en esta superficie y, entonces, me doy cuenta de que yo también soy universo, y que la vida llena mucho más espacio que la nada. |
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Adquisición de obras | (Al hacer click sobre las fotos, se ven a mayor tamaño y las flechas que aparecen al situar el raton sobre ellas permiten avanzar y retroceder. Pulsar F11 para ver la página a tamaño completo)
De la montaña mágica
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Esta montaña reúne en una perfecta imposibilidad todo lo que me ha traído hasta este instante que ahora tanteo con paso prudente. Descubro en sus aristas mis propios temores afilados que me acechan. Presiento en sus grietas heladas aquellos lugares de mi mente a los que sólo me asomo con aire contenido. Alzo la mirada y su cumbre me ofrece una promesa de redención de lo cotidiano que me acomoda a la llanura y me espanta, por momentos, el absurdo. Comprendo que me llama y me avisa, que me invita y me rechaza, pero no puedo más que alzar mi mochila y andar, quizá sea éste mi propio viaje a la cumbre de estos días. Comienzo mi ascenso y cada esfuerzo, cada respiración liberadora, es ahora principio y final de una vida, de un breve relato de lo que somos, de lo que quizá seremos mañana y puede que otro día más; de lo que nunca seremos. Comienzo mi ascenso y la cumbre es, como siempre, una promesa imposible. |
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Adquisición de obras | (Al hacer click sobre las fotos, se ven a mayor tamaño y las flechas que aparecen al situar el raton sobre ellas permiten avanzar y retroceder. Pulsar F11 para ver la página a tamaño completo)
De la naturaleza
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Comprendo ahora que esta sensación asombrosa que me inunda las pupilas surge de esta visión absoluta, de este lugar, de este reto en forma de roca increíble que evidencia nuestra fragilidad tan aparente hoy. Me asomo al borde del precipicio… me inclino levemente; un pequeño impulso… y salto. Extiendo mis alas suavemente y planeo, cada vez más rápido. La mañana es fría, muy clara; mi visión periférica me permite percibir lo necesario en esta realidad de vuelo. Abajo algo se mueve ignorante de mi presencia, pero hoy sólo deseo volar… El sonido del viento en las plumas, la fuerza, la poderosa sensación de conciencia me traen memorias vuelos pasados; modifico el ángulo y me impulso. Me desplazo veloz, sin mover un músculo; no necesito pensar, mi cuerpo sabe más que mi mente del vuelo. Un leve movimiento preciso me hace girar y ahora asciendo suavemente impulsado por el aire que busca el frío en la altitud. Subo y la tierra se hace más pequeña, y el mundo más grande; este mundo que se construye en este vuelo conjunto, porque no vuelo sólo, estás ahí en perfecta formación de alas. Ahora puedo verte. |
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De una historia de agua
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Baño la arena cada día con mi indecisión. Avanzo y conquisto espacio, luego me retiro y dejo lugar. Me gusta, sobre todo, cuando en la noche la luna se olvida su imagen en la fina película que dejo tras de mí en la arena. Ese reflejo me hace sentir cerca de algo que no comprendo y que me mueve lejos de mis abismos. Durante el día me dejo evaporar, asciendo por el aire y me refugio en una nube. Lo intento, pero no logro ascender más allá y observo el suelo desde este lugar tan lejano de mis profundidades. Llegado el momento no puedo, sino dejarme caer en un cambio de estado vertiginoso hasta regresar a lo horizontal definitivo. A veces, mi destino es el lugar de partida y me disuelvo en mi espuma y otras, en cambio, caigo sobre la tierra, la piedra o el cristal. Entonces, comienzo mi viaje terrenal de vuelta a casa y recorro cauces enmarcados por paisajes insospechados. Reconozco que cada vez me gusta más ese viaje y, en mi camino, arrastro pequeños recuerdos que, al final, deposito en el fondo para no olvidarme. |
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